Durante décadas, el mundo se construyó a fuerza de oficio, de manos rajadas por el cemento y de una intuición que solo se consigue cuando te peleas con la materia. Ese saber no estaba en los libros; estaba en el cuerpo. Pero el mundo cambió. Hoy, tras el sacudón de una pandemia que nos encerró a solas con nuestras grietas, la humanidad parece haber llegado a un punto de fatiga. El "hacer" ha sido desplazado por el "querer tenerlo ya". La artesanía de la supervivencia —esa que te permitía entender por qué una pared se mantiene en pie o por qué el calor se escapa— está siendo demolida para dar paso a la comodidad del botón. Y en ese descuido, en esa renuncia a entender cómo funcionan las cosas, es donde aparece la trampa: la maldad de un sistema donde el dinero justifica la obsolescencia y la estafa. La herencia del escombro Hoy, el artesano da un paso al costado. No por derrota, sino por culminación. Ya se han escrito las enciclopedias, ya se han grabado los proceso...