Anoche mis cuñados vinieron a buscar unas herramientas. Entre el ruido de los fierros y el mate, salió el tema de siempre: "Che, el celular me escucha. Hablé de comprar una soldadora y ahora me llueven avisos".
Hay una empatía rara en ese miedo. Todos sentimos que algo va mal, pero cortamos la charla rápido. Como si profundizar fuera admitir que estamos locos o, peor, que estamos derrotados.
La gente cree que hay un tipo de traje en una oficina de Microsoft escuchando sus audios. Yo no lo creo. Eso es un delito torpe. La realidad es mucho más cínica: la IA no te escucha, la IA te adivina.
La IA sabe que si tu celular no se movió en ocho horas y el brillo bajó, estás durmiendo. Sabe que si caminaste por tal zona y te detuviste diez minutos, estuviste en un local específico. No necesita escucharte decir "tengo hambre"; sabe que hace tres horas que no comés y que el viernes pasado a esta hora pediste pizza.
El sueño del vendedor perfecto no es venderte algo barato. El sueño del vendedor perfecto es saber que vas a entrar por la puerta mañana, antes de que vos mismo lo sepas.
Ese es el juego del algoritmo. Ese deslizar del dedo en los videos cortos no es ocio, es un inoculante de deseo. Te van mostrando el mundo que quieren que compres para que, cuando sientas la necesidad, creas que fue idea tuya.
Hace un tiempo les dije que cerraba la puerta a la manipulación del algoritmo en mi canal de YouTube. No voy a vender mi intimidad ni a disfrazar un ladrillo de drama personal para ganar clics. Pero ahora me doy cuenta de que la trampa es más profunda.
Windows 11 te esconde los botones para proteger tus datos. Te pone banners publicitarios antes de que pongas tu propia contraseña. Te obliga a leer acuerdos de cien páginas que, si no aceptás, te dejan afuera del mundo. Usan tu módem, tu electricidad y tu tiempo para venderte a vos mismo.
Bloquearlos es una tarea titánica. Horas de investigar cómo quitar permisos que nunca diste. El sistema apuesta a tu cansancio. Apuesta a que vas a decir "ma sí, acepto" solo para poder usar la computadora y trabajar.
Pero acá seguimos.
Usando la IA para diseccionarla. Usándola como herramienta, como quien usa una cuchara de albañil, pero sin olvidar que la mano que la mueve tiene que ser la nuestra. No acepten el mundo "renderizado" por otros. El trasteo, el dudar, el enojarse porque te usan el módem... eso es lo que nos mantiene humanos.
Como les dije antes: El ladrillo es honesto. Si lo ponés mal, se cae. Y este sistema de manipulación es una pared torcida que, tarde o temprano, alguien va a tener que derribar.
Nuestro Norte sigue siendo el Sur.

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