Había una vez un pequeño ratón llamado Roque. Roque vivía en un agujero en la pared de una vieja casa. Cada día, Roque miraba por la ventana y observaba cómo los pájaros volaban libremente por el cielo. Él soñaba con salir de su pequeño agujero y explorar el mundo exterior.
Un día, Roque decidió que no podía seguir viviendo en la oscuridad de su agujero y decidió salir a explorar el mundo. Salió del agujero y comenzó a caminar por el jardín. Allí, se encontró con un conejo saltarín que estaba comiendo zanahorias.
"¡Hola! Soy Roque, ¿quién eres tú?", preguntó Roque al conejo.
"¡Hola, Roque! Soy Tomás el Conejo. ¿Qué haces por aquí?", respondió el conejo.
"Quiero explorar el mundo. ¿Puedo unirme a ti?", preguntó Roque emocionado.
"¡Por supuesto! Yo también estoy explorando el mundo. Ven, te mostraré algunas cosas interesantes", respondió Tomás.
Tomás llevó a Roque a través del bosque, mostrándole todo tipo de plantas y animales que Roque nunca había visto antes. Vieron a una ardilla trepar un árbol, una rana saltando en el agua y un búho escondido en un hueco de un árbol.
Roque estaba fascinado con todo lo que veía y se sintió muy agradecido con Tomás por mostrarle el mundo. Pero luego, algo inesperado ocurrió. Mientras Roque y Tomás estaban caminando, se encontraron con una serpiente venenosa que se acercaba hacia ellos.
Tomás rápidamente saltó hacia un lado, pero Roque estaba demasiado asustado para moverse. La serpiente se acercó más y más, pero justo antes de atacar, un zorro apareció de la nada y mordió a la serpiente.
"¡Gracias por salvarme! ¿Quién eres tú?", preguntó Roque al zorro.
"Soy Max el Zorro. Vi que estabas en peligro y tenía que intervenir", respondió Max.
Roque agradeció a Max y los tres siguieron caminando juntos. Después de un rato, se encontraron con un prado lleno de flores de colores. Allí, se encontraron con una familia de ratones que también vivían en el prado.
"¡Hola! Soy Roque y estos son mis amigos, Tomás y Max", dijo Roque a los ratones del prado.
"¡Hola! Soy María la Ratón. Bienvenidos a nuestro prado", respondió María.
Roque se sintió muy feliz y emocionado de haber encontrado nuevos amigos y un lugar donde pertenecer. Desde ese día en adelante, Roque exploró el mundo junto a sus nuevos amigos en el prado.
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